Reto Literup 1: Rosa de los vientos

rosa pirata

 

Estruendo, junto con un penetrante olor a humo. Un nuevo estruendo acompañado con un olor humo aún más fuerte. Las olas se agitaban con cada nuevo ruido, lo que provocaba que pareciera embravecido aunque había un clima tranquilo, ni una sola nube en el cielo.

—¡Muévanse, ratas de alcantarilla! —se escuchaba a alguien gritar con irritación, pero sus palabras era ahogadas por nuevos estruendos.

Dos barcos, ambos con una Holy Roger en sus mástiles, se enfrentaban en alta mar a punta de cañonazos y maniobras navales arriesgadas. Su visibilidad era completa, por lo que ningún bando llevaba las de ganar, sus fuerzas también eran equilibradas ya que era un enfrentamiento uno contra uno. Todo se decidiría por la habilidades del timonel de cada nave.

Ambas embarcaciones se encontraban frente a frente. Una de ellas trataba de sacar la mayor ventaja por estar a barlovento disparando todas las balas de cañón que tenían disponibles en el menor tiempo posible; mientras que la otra nave intentaba realizar una virada para posicionarse en mejor posición a medida que iba disparando cañonazos de tanto en tanto, dando prioridad a la puntería antes que a la rapidez.

Los combatientes sabían que debían sacar ventaja de donde pudieran, ya que a quienes perdieran se le sería arrebatado todo, incluso la vida.

***

Estruendo, junto con u penetrante olor a humo. Un nuevo estruendo acompañado con un olor humo aún más fuerte. Las olas se agitaban con cada nuevo ruido, lo que provocaba que pareciera embravecido aunque había un clima tranquilo, ni una sola nube en el cielo.

—¡Muévanse, ratas de alcantarilla! —se escuchaba a alguien gritar con irritación, pero sus palabras era ahogadas por nuevos estruendos.

Dos barcos, ambos con una Holy Roger en sus mástiles, se enfrentaban en alta mar a punta de cañonazos y maniobras navales arriesgadas. Su visibilidad era completa, por lo que ningún bando llevaba las de ganar, sus fuerzas también eran equilibradas ya que era un enfrentamiento uno contra uno. Todo se decidiría por la habilidades del timonel de cada nave.

Ambas embarcaciones se encontraban frente a frente. Una de ellas trataba de sacar la mayor ventaja por estar a barlovento disparando todas las balas de cañón que tenían disponibles en el menor tiempo posible; mientras que la otra nave intentaba realizar una virada para posicionarse en mejor posición a medida que iba disparando cañonazos de tanto en tanto, dando prioridad a la puntería antes que a la rapidez.

Los combatientes sabían que debían sacar ventaja de donde pudieran, ya que a quienes perdieran se le sería arrebatado todo, incluso la vida.

***

batalla del mar

Al barco enemigo no le tomó demasiado tiempo acercarse al “Verde Esperanza”, a pesar de todos los esfuerzos que hizo la tripulación de alejarlos de la popa.

Cuando la nave estuvo cerca, Artos pudo leer su nombre en el costado. “Destripador” era el nombre de la nave y que no dejaba atisbo de duda ante sus intensiones. Saquear y matar.

Artos dejo de disparar el cañón. A esa distancia, ya las balas no servían para nada y solo pondrían en peligro a ellos mismos, ante una posible explosión de esquirlas de madera.

Al ver que ya no eran necesarios, Miguel y Lorenzo dieron un paso al frente con la intensión de ir donde el resto de los piratas, lugar donde esperarían el arribo de sus enemigos. Pero Artos no se los permitió.

—Pronto habrá sangre para todos —dijo el hombre—. No se apresuren a su muerte.

Los muchachos se miraron entre si y luego lo observaron. El hombre no supo que vieron en su expresión, pero al parecer fue eso lo que les decidió a hacerle caso.

Sus compañeros piratas comenzaron a gritar insultos y bravuconadas hacia la barco que se acercaba para hacer salir pronto a sus enemigos, pero estos solo los imitaron sin lanzarse a un ataque a ciegas. No iban a arriesgarse al abordaje hasta que su nave estuviera lo más cerca que se pudiera sin arriesgarse a chocar.

Aun así, Artos tuvo un mal presentimiento de esta batalla, la sonrisa cruel de los enemigos le daba a entender que no tendrían piedad con nadie, porque nadie lo había tenido con ellos antes. Eran seres que ya no creían en su propia humanidad.

Tomo cerca de diez minutos para que los barcos estuvieran dispuestos, pero fueron la tripulación del “Destripador” los que reaccionaron primero, lanzándose a un ataque furioso y feroz. Siendo detenidos apenas por los piratas que les esperaban.

***

El entrechocar de los aceros no se hicieron esperar. El empuje de la tripulación enemiga fue muy parecida al entrechocar del mar contra la roca, por lo que era muy poco probable que sus compañeros pudieran detenerlos por mucho tiempo.

Y así fue. La presión fue demasiado fuerte para la primera linea de defensa y pronto sus contrincantes inundaron toda la cubierta, donde la batalla se hizo generalizada.

El hombre y los dos muchachos se vieron rodeados, por lo que se vieron en la necesidad de rechazar a todos los atacantes que intentaban hacerse con el cañón detrás suyo. En eso, uno de los piratas enemigos se dispuso a lanzar una estocada hacia los muchachos, los que pensó eran una presa fácil, pero el arma de Artos se interpuso en el ataque con los que cubrió a sus protegidos.

Ambos piratas estuvieron forcejeando, Artos tuvo que tensar todos sus músculos para que su atacante no ganara ventaja. Era muy fuerte.

En eso el pirata hizo una mueca de dolor que desconcertó a Artos y acto siguiente cayó al suelo, desvanecido. A su lado, se hallaba Miguel con rostro consternado y su arma cubierta de sangre, el chico le habia lanzado una estocada en el abdomen.

—¡Cuidado! —grito Lorenzo, al ver que otro pirata se decidía a atacarlos.

Artos no tuvo tiempo de consolar al muchacho por su primera muerte, había que salir de esa batalla primero, ya después se lamerían las heridas. Interceptó a su nuevo enemigo el cual eliminó con unas cuantas estocadas rápidas y una daga bien puesta en el cuello.

—¡Vayan bajo cubierta! —ordenó Artos a los muchachos, quienes peleaban juntos contra otro pirata, al que dejaron bajo combate— ¡Protejan los tesoros y las armas!

Los muchachos asintieron y se alejaron mientras el hombre vio como esquivaban todo lo que interrumpiera su carrera. El pirata suspiró aliviado, esperaba que con esto sobrevivieran aunque sea un par de horas más.

Ya más tranquilo por la suerte de esos dos, volvió al combate.

***

El combate recrudecía por momentos. Parecía que nunca dejaban de salir más y más piratas desde la embarcación enemiga, a la par que la resistencia de sus compañeros de armas se hacia cada vez menor.

Artos peleaba con un marinero que parecía muy duro. Llevaban varios minutos intercambiando golpes, pero el hombre parecía no cansarse. Artos comenzaba a sentirse desesperado.

Es curioso lo que se observa en los momentos de adrenalina pura. Artos, quien pensaba que sus minutos de vida estaban contados, trató por todos los medios de generar alguna ventaja que le diera la victoria. Mientras tanto, sus ojos se desviaron a la extraña marca que su enemigo tenía a la altura del cuello.

Enfocando la vista en este lugar se dio cuenta que era un tatuaje, el cual mostraba una rata con un trozo de carne en la boca y que estaba rodeado por espadas curvadas formando un circulo.

Al fin sabía quien los atacaba. El tatuaje era el emblema de un grupo de piratas llamados “Los Rastreros”, los cuales se dedicaban a saquear a cualquier barco que estuviera solo. No les importaba si era de otro grupo de piratas, o un grupo de marinos o algún barco mercante, cualquiera les servía para saciar de hambre de riquezas.

Este grupo era despreciado por todos los piratas, ya que rompía todos los acuerdos intrínsecos a la vida del mar y la pirata. Por otro lado, la cabeza de cualquier “Rastrero” era muy bien pagada, tanto por los marinos como por los piratas, así que capturar alguno —vivo o muerto—, era un buen botín para cualquiera.

***

El saber que podría tener una buena recompensa si salía vivo de esta, elevó las expectativas de Artos a niveles inimaginables. Como si fuera ungido por los dioses del mar, el hombre se sintió lleno de energía y comenzó un ataque furioso contra su oponente al que despachó en solo un par de estocadas.

Dos o tres ilusos trataron de pararle, pero solo lograron aumentar la cantidad de muertos a sus pies. En el transcurso de esas pequeñas escaramuzas, las tornas de la batalla habían cambiado. Ahora era los atacantes los que parecían superados y cansados, aunque aún eran más que los defensores debido a la carga inicial que había cobrado la vida de muchos de sus compañeros.

Cada vez más enfadado y resentido, Artos atacó al primer desconocido que vio sin mayor aviso que un especie de grito de guerra acompañado por una carga ciega. Con este nuevo enemigo, se enzarzaron en una batalla que parecía bien equilibrada, los mandobles iban y venía creando una danza que les llevo hasta la proa del barco, donde también se libraba una batalla.

Artos a pesar de su furia, sintió un ligero dejavú. Las maniobras le resultaban familiares, de un pasado que tenía guardado muy profundo en la memoria y que en esos momentos intentaba salir a flote.

—¿Artos? —pregunto su contrincante observándolo con los ojos muy abierto y una actitud tan sorprendida que con dificultad podía ser fingida.

Artos se desconcertó ante el reconocimiento de su enemigo. Ambos bajaron las armas y el hombre miro a su contrincante de arriba a abajo concentrándose en sus ojos.

—¿Zola? —preguntó al reconocer esos ojos miel que lo habían acompañado toda su infancia— ¿Eres tú Zola? ¿Pero que haces aquí? —preguntó espantado.

***

—Es una larga historia, mi amigo —dijo el hombre, mientras dejaba su arma a un costado y le daba un fuerte abrazo que Artos correspondió con emoción.

El hombre se sentía consternado, una de las razones por la que se fue del pueblo era para encontrar a su mejor amigo, el que había salido un par de años antes, aburrido de la rutina. Como el mismo decía, necesitaba acción.

Mientras observaba a su antiguo camarada, se dio cuenta que había cambiado mucho y una voz interna en su cabeza se pregunto “¿Como saber si de verdad era Zola?”. Trato de hacer caso omiso a su natural desconfianza, pero esta le había salvado de varios peligros. Nunca estaba demás ir sobre seguro.

—¿Cuanto tiempo ha pasado? ¿Hace cuanto que no nos vemos? —preguntó el hombre en tono casual, mientras tomaba una postura relajada aunque con la mano sobre el mango de su puñal
—Déjame pensar —dijo el otro hombre—. Si no recuerdo mal, me fui cuando tenía 16 de la aldea, así que deben haber pasado once años —anunció.

El pirata sonrió con sinceridad. Entonces, si era su Zola, recordaba como si hubiese sido ayer el momento en que el adolecente de ese entonces llegó a despedirse a su casa, prometiendo que volvería a buscarlo cuando la fortuna le sonriera.

En ese tiempo, el joven Artos era muy impaciente y al cabo de dos años de no verlo llegar, el también salio de su aldea en busca de una riqueza, que hasta ese momento se le había estado escurriendo de los dedos.

—Hace algunos años pase por la aldea —dijo Zola, como respondiendo a los recuerdos de su amigo—, pero tu madre me dijo que habías salido hace años, pero que no habías vuelto.
—Es una larga historia también —dijo el hombre un tanto avergonzado.

En eso dos hombres desde distintas direcciones, enarbolaron sus armas contra los amigos recién reencontrados, quienes con un par de movimientos dejaron a sus nuevos contendientes en el suelo inconscientes.

***

Artos miró a los hombre en el suelo y algo en el estomago se le revolvió, empezaba a estar cansado de esa vida en donde se arriesgaba su cuello un día porque si y al otro también, solo por un puñado de monedas.

Zola y él se miraron, ambos suspiraron al mismo tiempo.

—Parece que la pelea tiene para bastante tiempo —dijo Zola con tono ligero.
—¿Cómo es que hemos terminado así? —preguntó Artos sin poder evitarlo— ¿Qué hicimos mal como para tener que encontrarnos como enemigos? —habló con algo de resentimiento en la voz.
—Malas decisiones mi amigo —dijo Zola, resignado—. En mi caso, lo que más me interesaba era salvar la vida para volver a verte —se sinceró

Artos observó a su acompañante con intensidad, era lo mismo que él sentía, siempre había tenido la esperanza de ver a su compañero de aventuras una vez más, pero eso no ayudaba al dilema al que se enfrentaban ahora. Si su grupo ganaba era seguro que mataban a todos incluyendo a Zola, y si era la gente de Zola la que ganaba, el ya podía irse despidiendo de ver la luz del sol.

—¿Cómo salimos de este enredo? —pregunto Artos, pero no pudieron conversar más porque otro grupo de enemigos se acercó para enfrentarse a ambos.

***

Se deshicieron de sus nuevos enemigos en un par de minutos y sin mayores heridas que un par de tajos en los brazos o en la cara, pero de todas maneras fue un enfrentamiento arduo ya que ambos se encontraban sin aliento.

—Me cansé —anunció Zola con tono duro—. Ya estoy hastiado de ser pirata. Me voy —anunció con voz entrecortada
—Como si fuera tan fácil —dijo Artos, luego de respirar profundo y recuperar el aliento.
—Lo es, si me ayudas —anunció su amigo con mirada confiada.
—¿A que te refieres? —preguntó Artos.

Zola le explicó su idea, Artos escuchó atento y poniendo reparos en ciertas partes del plan que parecían dejar demasiado las cosas a la suerte. Zola modificó estas con ayuda del conocimiento de su amigo y cuando ambos estuvieron de acuerdo, unos diez minutos después, pusieron manos a la obra.

***

Zola y Artos se dirigieron al centro de la cubierta del barco, combatiendo. Su idea era pasar desapercibidos entre la ola de atacantes y defensores, ambos bandos reconocían a parte de su tripulación por lo que la pantalla funcionó de maravilla.

Con una coreografía simple, lanzando estocada que un par de veces hicieron que los amigos se hirieran debido a movimientos mal calculados o por intervención de terceros, avanzaron por el barco. Las heridas accidentales, de hecho hicieron que su pelea fuera más creíble para lo que ellos pretendían.

Se dirigieron a babor, donde Artos le había comunicado a su amigo que estaban los barcos de remos, los que no eran visibles por estar tapados por la cabina principal. Cuando llegaron se encontraron solo con cuerpos tirados en el suelo, los dos hombres dejaron de combatir y suspiraron con alivio.

Zola se quedo desamarrando el bote, mientras Artos se dirigía a la cocina del barco, que se encontraba bajo cubierta para robar un poco de comida y agua. Para su escape era necesario tener un par de provisiones.

Cuando llegó a la parte baja de la nave, se encontró con una masacre. Los “rastreros” se había tratado de introducir a la zona de carga, pero un grupo de defensores le esperaban. Ahora todos yacían muertos en en el suelo, incluidos Lorenzo y Miguel.

Al ver esto, Artos se sintió culpable y sus ojos amenazaron con llenarse de lágrimas, pero con un brusco movimiento de su brazo las detuvo antes de que se hicieran presente. Dejando de lado sus sentimientos, se introdujo en la cocina, donde no había nadie.

Busco lo que necesitaba y elaboro un atado con algunos paños de cocina de tela tosca. Corrió de vuelta al bote, donde Zola combatía con uno de sus compañeros. Después de unos segundo de duda, el hombre decidió que hacer.

En silencio, Artos se acercó por detrás de su compañero de tripulación y con el canto de su arma lo noqueó en la cabeza. Y Zola al verlo suspiro de alivio, mientras el hombre se introdujó en el bote para iniciar la huida.

Zola comenzó a bajar la pequeña embarcación un poco, pero al momento siguiente pareció cambiar de idea y se alejo de los aparejos.

—Zola, Zola —llamó Artos en susurros.

El hombre se asustó, pensando que su amigo se había arrepentido o que todo esto había sido una estratagema en su contra. Después de todo llevaban años sin verse y la gente puede cambiar.

Pero momentos más tarde, Zola hizo su reaparición y el pirata se arrepintió de su desconfianza. Su amigo saltó a la barca, la que se bamboleó ante el nuevo peso añadido y a lo brusco del movimiento. Luego ambos comenzaron a bajar el bote.

Nadie pareció darse cuenta de lo que ambos planeaban.

***

—¿Porque te devolviste? —preguntó Artos
—No podía permitir que nos descubrieran o persiguieran —dijo Zola— Comencé un incendio en los dos botes que quedaban. Cuando se den cuenta, pensaran que el tercero se quemó y que los dos nos perdimos en el mar durante la batalla.
—Bien pensado —aseguró Artos conforme con su explicación.

Remaron con todas sus fuerzas, porque aunque estaban en el bote eso no significaba que nadie se diera cuenta de su escape, sobre teniendo en cuenta que la visibilidad del día era la mejor. Debían avanzar lo más rápido que pudieran, para ser un punto en el horizonte para cuando todo se calmará y pudieran detenerse a otear el mar, sea quien fuese el que ganara.

Media hora estuvieron remando con la única meta de alejarse de la vida que llevaban hasta el momento, en eso un estruendo llamó su atención. Se dieron vuelta —ya que le habían estado dando la espalda a la batalla siguiendo la corriente para alejarse más rápido—, y otro estruendo más fuerte dejó ver llamas en el “Verde Esperanza” y unos minutos después, el resto de la nave se incendiaba con velocidad.

El “Destripador” trató de alejarse del barco incendiado, pero fue muy lento. Una tercera explosión, lanzó una enorme cantidad de brazas a la nave de los rastreros y esta comenzó a incendiarse a una velocidad mayor que el de su contricante. Una cuarta explosión les indicó a los hombres fugados que el fuego había alcanzado la bodega de pólvora del barco atacante.

Ambos ex-pirata se miraron con un dejo de tristeza en sus miradas, pero no dijeron palabra. Solo tomaron los remos de nuevo para alejarse de los barcos destruidos.

FIN

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