Regalo en la Maleta (Reto Literup)

Un muchacho que no pasaba de los trece años, se precipitó hacia su casa y corrió hacia su habitación en busca de lo que necesitaba con urgencia. Todo fuera para hacer nuevos amigos.

El y su familia -compuesta por sus padres y dos molestos hermanos—, se había mudado a la casa de sus abuelos hacia menos de un mes, cosa que no le gustó para nada, pues tuvo que separarse de todos aquellos que conocía. Además sus padres habían tenido que cambiar de empleos y ellos de escuela. Cuando les preguntó a sus padres porque no habían vendido la casa simplemente, sus padres le habían dicho que no podían desprenderse de la casa en la que su madre había vivido toda la infancia.

Pero le chico no se sintió conforme con la explicación y aún enfadado por lo del cambio, vaticino que la casa se le caería en las cabezas el día menos pensado. Sus padres rieron ante la ocurrencia, pero dijeron que el lugar aun era firme y aseguraron que cada uno de ellos tendría una pieza de su propiedad que podían adornar como se les diera la gana. Cosa que apaciguo un tanto su enojo.

Cuando llego al lugar, se apresuró a elegir la pieza más grande para él. Cosa que sus hermanos —Quentin, el mayor y Trevor el menor—, trataron de detener, pero por primera vez en mucho tiempo, sus padres se pusieron de su parte y eso logró que se conformará con su nueva situación, al menos de momento. Todavía creía que la casa se desarmaría en cualquier momento y ellos tendrían que volver a su antiguo hogar, un pequeño departamento de tres cuartos ubicado en las periferias de Washinton.

El vecindario al que habían ido a parar era un conjunto de casa tan viejas como los que vivían allí y él, junto con sus hermanos, era los únicos jóvenes a dos o tres cuadras a la redonda, o eso creía él ya que no había visto a nadie de su edad. Pero ese día se encontró con un par de hermanos —gemelos— que vivían a un par de casas de la suya y a los que no había visto porque había salido a vacacionar con su padre. Ahora querían practicar un poco de béisbol y le invitaron, por ello el chico había corrido en busca de su guante.

—Mamá, ¿has visto mi guante de béisbol? —preguntó con tono ansioso.

Una mujer de unos cuarenta años salio de la cocina, secándose las manos. Era de tez negra como todos los de la familia, su cabello rizado lo llevaba amarrado y sus ojos color chocolate le miraron con cariño. Ella era la única que se encontraba en casa, sus hermanos habían salido de compras y su padre estaba en su nuevo trabajo y salia a la hora de almuerzo.

— ¿Chad? Perdón, no escuché lo que decías —dijo con voz calmada, su hijo le repitió la pregunta—. Lo más probable es que este en el ático donde están las cajas que no hemos desembalado aún.

El chico corrió al piso de arriba como una bala, sin darle las gracias a su madre. En pocos segundos se encontró tirando las escaleras extensibles que daba al último piso del lugar.

&&&

Cuando Chad asomó su cabeza por la entrada del ático, soltó un involuntario quejido de dolor. La pila de cajas por desembalar se le antojaba enorme.

Aun así, terminó de subir y cuando estuvo arriba, puso sus manos en las caderas —en un gesto muy común a su madre, aunque no lo supiera— y observó a su alrededor en un intento de adivinar en que caja estaba su preciado guante. Su instinto le dijo que comenzará por la izquierda, pero allí estaban las cajas más grandes, por lo que comenzó por el centro que parecía más despejado.

La primera caja que abrió tenía muchos zapatos, por lo que dedujo con acierto que nada de eso era suyo. Con la siguiente no tuvo mejor suerte, ya que solo se encontró con juguetes de Trevor. La siguiente solo miró por encima para cerciorarse que no tenía nada suyo para seguir con la siguiente. Pero ninguna caja de las pequeñas, tenía lo que buscaba. Frustrado las pateó, pero su pie se encontró con algo mucho más duro que simple cartón, lo que le provocó un severo dolor en su dedo pequeño.

Sorprendido, movió algunas de las cajas que estaba revisando y se encontró con un baúl, grande y pesado, de esos que aparecían en las películas de Harry Potter cuando iba a su escuela de magia. La imaginación de Chad se desbocó en un segundo, llegó a pensar que allí encontraría un tesoro pirata como en las series viejas que veía su padre, pero lo descartó de inmediato porque ¿quien dejaría un tesoro pirata en su desván y sin candado?

Aún así quería saber lo que había allí adentro.

&&&

Con su mano temblorosa por la impaciencia, el chico trató de abrir el gran armatoste, pero no pudo. La tapa resulto más pesada de lo que el mismo se figuró.

La siguiente vez, lo intentó con ambas manos, impulsando todo su cuerpo para abrirlo, lo que produjo que el mueble rebotara con un ruido sordo cuando la tapa cayó hacia atrás.

—¡Bien! —grito el chico sin pensarlo después de tanto esfuerzo.

Descansó unos instantes antes de asomarse al interior, pero cuando lo hizo se llevó una gran decepción. Dentro solo había ropa, papeles y un par de estuches. Primero sacó la ropa, que resultaron ser uniformes del ejercito bastante maltrechos, junto con una bandera americana algo amarillenta. Impresionado, los dejo a un lado, luego abrio los estuches y allí habían dos estrella del valor, las cuales también dejó a su lado. Por último, sacó un cuaderno que estaba amarrado por una cuerda, de él cayeron varias cartas que el chico recogió.

Observó las cartas caídas, tenían sellos de Europa, la hoja amarillenta y la caligrafía era un desastre, ni siquiera entendía la dirección que estaba puesto en ellos, aunque el nombre del destinatario estaba más claro, era Madeleine.

Al chico siempre le habían dicho que hurgar en la correspondencia ajena era un delito, pero su curiosidad era más fuerte que lo que dijeran sus padres por lo que no se lo pensó mucho antes de abrir un de los sobres y sacar la carta dentro. De todas maneras, se dijo a si mismo, si las cartas era tan viejas, era probable que los involucrados ya estuviesen muertos así que no iba importarle mucho que leyera un par de cartas sobre su vida.

&&&

“Querida Madeleine:

Al fin llegue a las barracas de europa. Después de varias semanas en barco y de que nos movieran de un lugar a otro como si fuéramos equipaje, al fin pudimos estacionarnos en algo más o menos estable.Como sabes, somos alrededor de quince personas que dormimos, comemos y vivimos juntos, o al menos, eso tratamos. Mi litera lo comparto con Walter. Es el huérfano que venía del sur, buscando trabajo y terminó en el ejercito. Todo iría bien si no roncara tanto.Cuando llegaron nuestras tropas, los ingleses parecían alegres y nos recibieron con una fiesta, aun así se nota que las cosas no están bien por aquí. A pesar que no nos dicen mucho, tal vez para no asustarnos, se nota una mirada sin mucha esperanza entre los soldados aliados.Mientras te escribía lo último, llegaron ordenes de movilizarnos, dentro de la próxima semana iremos a la línea frontal en Francia, el capitán dijo un nombre muy difícil de pronunciar, pero nada gano con escribirlo, de todas maneras los de inteligencia lo borrarían.Pese a todas estas nuevas aventuras, te extraño demasiado Madeleine, solo espero que esta guerra termine pronto para poder volver a casa y reunirme contigo.

George”

Chad terminó las últimas lineas de la carta y sacó la siguiente, a el siempre le había apasionado las historias de guerra y esto era un hallazgo invaluable para un chico sediento de aventuras como él.
“Querida Madeleine:
¿Cuanto tiempo a pasado desde que te escribí la última vez?Siento que ha pasado mucho tiempo, pero tal vez solo hayan sido un par de días.Como ya sabes, estoy en las lineas frontales de la guerra, me siento orgulloso de estar aquí defendiendo a mi país y a mi familia, pero… no es fácil.Una de las personas que conocí en el campamento fue a Jhon, era un joven alegre y que siempre hablaba con cariño de la granja que tenía su familia, recuerdo que me contaba que quería volver a hacerse cargo de sus plantaciones, que ya deberían estar listas para cosechar.Creo que era el mayor de sus hermanos.Ayer murió el pobre chico. Una bala perforó su pulmón y se desangró, eso es lo que me dijo el medico.Recuerdo haber escuchado alguna vez a un pastor decir que la guerra era el infierno en la tierra. En esos momentos no lo creí, pero no puede haber una mejor descripción de lo que pasa en este lugar. Es horrible. No puedo describirlo mejor.Ver a tanta gente morir. A tantas personas con las que compartiste el almuerzo o con la que conversaste minutos atrás. Da impotencia, rabia y… y… no lo se, no puedo describirlo… ¿desesperación? ¿tristeza?Ni siquiera puedo llorar con tranquilidad sus muertes, debemos seguir avanzando para no perder los pocos metros de distancia que hemos obtenido
Debo irme. Nos han llamado a la batalla otra vez. Quiero estar entre tus brazos, mi amada
George”

&&&

Chad quedó mirando al vacío luego de leer la segunda carta. Decidió que no quería seguir leyendo esa correspondencia. En esos momentos, sus ojos se sentían húmedos y temía ponerse a llorar en cualquier instante si se topaba con algo tan triste como lo que había leído.

Bajo la vista hacia el cuaderno en su regazo. Pensó en guardar todo y terminar de buscar el guante que había venido a buscar, pero se convenció de darle una pequeña hojeada a lo que tenía al frente suyo y si decía algo que lo deprimiera lo guardaría y olvidaría su existencia.

La primera pagina solo tenía garabateado un nombre, pero del que solo se distinguían la “G” y la “W”, el resto de la tinta se había esfumado, seguro por el paso del tiempo. La siguiente hoja solo había escrito una lista de palabras, la mayoría eran cosas de comida, por lo que el joven dedujo que podía ser una lista de compras. Ya en la tercera habían un par de garabatos que el chico no pudo adivinar que eran, así que siguió avanzando. Paso un par de paginas manchadas y se encontró con la misma letra desastrosa.

“3 Mayo de 1917
Ante la espera de tener nuestra asignación, no me queda nada más que hacer que escribir un poco.
Mentira. Tenemos entrenamiento estricto todos los días y mucho de nuestro tiempo se va en correr de un lado para otro con las pesadas armas o atendiendo las necesidades de otros grupos asentados en la base. Mientras que nuestro poco tiempo libre se va en relajarnos un poco con música y conversación.
Pero me pareció una buena idea registrar por escrito algunas de las vivencias nuestro grupo, y ya que soy uno de los pocos que saben escribir, aquí me tienen.
Nuestro escuadrón cuenta con quince personas en total, todos somos de color… ya que ni ante la muerte los blancos nos quieren cerca, pero lo prefiero así, es un honor poder combatir al lado de mis valientes hermanos negros.
Llevamos una semana en la capital de Inglaterra, llegamos en un barco de carga y fue un alivio poder caminar sobre algo que no pareciera gelatina, pero hasta ahora solo nos tienen de cocineros, camareros o como especie de sirvientes para el resto del ejercito, además de no dejarnos en paz con los entrenamientos matutinos.
Ya quiero ir a las lineas frontales y pelear con algunos de esos blancos malnacidos.”

Chad paso un par de paginas en donde la escritura parecía hecha por un niño de preescolar, hasta encontrar algo que parecía más legible.

“11 de Mayo 1917
Al fin decidieron ponernos a pelear. Hace unos tres días nos enviaron a (el nombre estaba borrado con tinta) y ahora estamos estacionados muy cerca de la batalla. Desde que llegamos solo he visto un par de intercambios de balas. Todo muy tímido, pero que de todas maneras intranquiliza.
Vivimos el día mirando continuamente hacía el lado del enemigo, expectantes de que se les ocurrida hacer ahora que los refuerzos han llegado. La única vez que me enfrente a uno de esos idiotas fue el día de ayer y pude ver que con quien peleaba no se encontraba bien, me pareció como una vieja y desgastada rama, mientras que sus ojos estaban sin vida. Me asustó. Por un momento pensé que frente a frente con la muerte.
Por lo demás, todo ha estado en calma, así que he podido apreciar de lo que aquí llaman la “campiña francesa”. Cerca hay un río al que llaman (frase borrada con tinta), no se pronunciarlo bien. El francés es rarísimo.
De vez en cuando vamos con alguno de los muchachos a una pequeña ladera a comer y de allí se puede apreciar un buen trozo de paisaje. Es muy bello y pacifico, un pedacito de cielo para nosotros.”

Chad con tranquilidad paso varias paginas más, en las que habían garabatos, dibujos y alguna que otra frase que no pudo descifrar. Pronto llego a una pagina, que tenía muchas manchas, algunas de un color pardusco que le dio muy mala espina, trato de leer lo que decía y lo logró, pero con mucha dificultad. Parecía ser que el que escribía no tenía un buen pulso.

“24 de Mayo de 1917
Quiero volver a casa. Tengo tanto miedo. No quiero morir aquí, lejos de mi familia.
Llevamos cerca de una semana bajo ataques continuos.
He visto morir a muchos de mis compañeros, el olor metálico a sangre y carne chamuscada, me sigue a donde quiera que vaya.
Y los refuerzos alemanes siguen llegando, mientras que nosotros cada día somos menos.
¡Oh, Dios. Por favor, envía alguien en nuestra ayuda!
No quiero morir. No quiero morir.”

Chad cerró el cuaderno de golpe, sentía sus ojos empañados, de nuevo trataba con todas sus fuerzas el evitar llorar. Se quedo un rato así, tratando de controlar sus emociones para que no lo vieran cuando bajara.

&&&

—Chad ¿Ya terminaste de buscar tu guante? —grito su madre desde el piso inferior.
—No todavía —trato de responder con voz normal, pero este le traiciono hablando en un tono más alto de lo usual.

Chad comenzó a guardar las cosas dentro del baúl, mientras escuchaba pasos que subían la escalerilla. Metió todo lo que estaba fuera con la mayor velocidad que pudo, pero aún así no alcanzo a cerrar el baúl antes de que su mamá estuviera frente a él.

—Chad —le llamo en tono de advertencia—. ¿Que estabas haciendo?

El chico trato mantener la compostura, tratando de ocultar el evidente sonrojo de culpabilidad.

—Nada, mamá —dijo el chico—. Solo buscaba el guante.

La mujer observó el ático con mirada critica y cuando los fijo en el baúl abierto, se acercó. Chad, mientras tanto se hacia el desentendido, mientras hacía como que buscaba su guante en otras cajas.

—No había visto estas cosas hace siglos —comentó la mujer mientras sacaba la ropa arrugada que Chad había metido de forma apresurada allí— ¡Oh! ¡Las cartas! —se sorprendió la mujer con un tono alegre.

Chad sin poder evitar su curiosidad, de nuevo. Se acercó.
—Estas son las cartas que tu bisabuelo le envió a tu bisabuela —dijo la mujer—. Le contaba cosas sobre la guerra, pero había algunas que eran muy románticas. Tu bisabuela me las leía de vez en cuando —le contó su madre a Chad.
—¿En que guerra peleó? —preguntó el chico, interesado.
—Peleo en la primera gran guerra —dijo la mujer con un dejo de tristeza—. De la esta volvió y cuando lo hizo, se casó con tu bisabuela. Tuvieron cuatro hijos, entre ellas mi madre. Más de veinte años después, comenzó la segunda gran guerra y el hermano mayor de mi madre, Robert, decidió ir al frente y ayudar. Murió un par de meses después y eso mató de pena a tu bisabuelo.

Chad quedó silencioso y pensativo. Mientras su mirada se perdía dentro del baúl que parecía contener tanta historia y tanto dolor.

—Yo siempre pensé que las guerras eran emocionantes y que la gente que lucha en ellas es valiente —dijo Chad
—La gente que va a la guerra es valiente, porque en ellas se puede morir —respondió su madre, mientras doblaba con cuidado los trajes de soldado y ordenaba un poco las demás cosas en el interior—. Pero las guerras son terribles, al final las personas que luchan es porque quieren proteger algo. El abuelo George y el tío Robert solo querían defender a las personas que amaban.

Chad miró a su madre, quien tenía los ojos llorosos,la abrazó sin pensarlo demasiado. La mujer le devolvió el abrazo, pero luego le dijo:

—Un par de hermanos te esperan abajo —dijo—. Es mejor que vayas, aprovecha de divertirte y de respirar aire fresco.

El chico se movió la cabeza asintiendo y segundos después soltaba a su madre y corría escaleras abajo, para reunirse con sus nuevos amigos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s