Crónicas de Narnia

Volviendo a mis lecturas, otro de mis libros favoritos —que en realidad es una saga— son “Las crónicas de Narnia” la cual son textos con historias independientes que están enfocadas en su mayoría en el público infantil, aunque eso no significa que no se pueda encontrar un doble mensaje para público más adulto. Los libros fueron escritos por C.S. Lewis y a su haber son 7 que no sobrepasan las 250 páginas.
Esta saga cuenta las idas y venidas de niños de nuestro mundo hacia un mundo lleno de magia y aventuras, llamado Narnia. Allí conocen a Aslan, el hijo del emperador más allá del mar, el cual siempre tiene una misión para ellos que implica ayudar a los narnianos. De esta saga, al igual que muchas otras, se han hecho varias películas, pero al ser una grupo de libros mucho más infantil no han generado tanta expectación —ni dinero, todo hay que decirlo— como otras sagas cinematográficas (Léase el Señor de los Anillos o Harry Potter).
La historia más conocida de esta saga de libros es “El León, la Bruja y el Ropero”, en donde los protagonistas son los cuatro hermanos Pevensie, que escapan de Londres durante los bombardeos de la II Guerra Mundial y llegan a la casa del viejo profesor Kirke, quien los recibe. En esa enorme casa, encuentran un ropero por el que llegan a Narnia, un mundo donde los animales hablan y existen los sátiros y las dríadas. Los siguientes libros son más o menos lo mismo, niños trasladados a Narnia por diverso medios y que deben encargarse de salvarlo de el peligro de turno (excepto el libro “El Caballo y su niño”, que trata de la aventura de un huérfano que escapa de Carlomen para llegar a Narnia). De igual manera, al parecer Lewis tenía planes de escribir un libro más de Narnia, pero lamentablemente esta idea no llegó a plasmarse pues el escritor falleció.
A pesar que los libros tienen una mecánica similar para el desarrollo de la trama, aquí lo que llama la atención es el ambiente mágico que hay alrededor de los personajes y los valores que Lewis trato de transmitir a través de su narración. Lo que me hace reflexionar sobre el rol formador y valórico que tiene un escritor, sobre todo cuando escribe para lectores infantiles quienes asientan su comportamiento y personalidad a través de los estímulos del entorno a edades tempranas. Esto es una gran responsabilidad, de la que tenemos que ser conscientes si algunas de nuestras historias van enfocadas para este público.
Ustedes ya saben, ahora viene la pregunta: De su niñez ¿Cuál es el libro que más recuerdan?
Nos leemos.