Capitulo III de una escritora novata: Dividir o no dividir, esa es la cuestión

Primero me disculpo por no subir entrada la semana anterior, me dí cuenta que no lo había hecho cuando me puse a arreglar las entradas para esta semana. Se me traspapeló… Puse un gran cartel en mi pared para no volver a olvidarme.

En uno de los capítulos anteriores —hace mucho, mucho tiempo… en una gala… ups! Mejor me detengo, no quiero problemas con el copyright— les conté que quería ser una novela corta, con la idea que tenía y que apareció mediante un viaje, pero con todo el desarrollo la historia quedaba demasiado larga.

La pregunta era ¿Qué opciones tenía?

Pensé en dejarlo como un solo libro kilométrico, pero luego de buscar sobre los pro y los contras de hacer cosas demasiado extensa, lo descarte por varias razones. La principal es que siendo un autor novel, un libro demasiado extenso sería desalentador para nuevos lectores que no conocen mi forma de narrar, la cual puede no gustarle.

Por lo tanto, decidí dividirlo. La siguiente pregunta fue ¿En cuantos?

Calculé de forma aproximada cuantas paginas me saldría en dos libros y seguían siendo demasiadas, luego pensé en tres y aunque el numero me convencía más, decidí calcular cuanto me saldría en cuatro libros.

Me gustó la idea de que fueran textos de algo así como cien a ciento veinte paginas (según mis cálculos), pero al empezar a dividir la trama me dí cuenta que los hechos no calzaban. La historia quedaba demasiado interrumpida y eso produciría un problema de continuidad, que solo lograría cansar a mis posibles futuros lectores.

Eso me llevó a decidirme por hacer una trilogía. Terminarían siendo tres libros de ciento cincuenta paginas, tal vez un poco más, dejando la trama principal dividida en inicio, nudo y desenlace. Mientras que cada libro también tendría su respectivo desarrollo, un poco más detallado como historia introductoria al mundo que estoy creando y al que pienso volver de vez en cuando.

Con todo esto ya decidido, era hora de ponerse a escribir. Como era mi costumbre, comencé a escribir en una libreta la trama que tenía preparada para la primera parte.

¿Cuantos meses me demoró? Un poco menos de tres. Me había planificado para ello, ya que había leído que lo más efectivo era terminar un borrador en ese tiempo, así no se enfriaba la idea ni el entusiasmo.

Pero esos tres meses fue una especie de montaña rusa anímica. A veces me despertaba con tantas ganas de escribir que, si mi rutina lo permitía, podía pasarme la mañana escribiendo con solo una taza de café en el cuerpo. Otros días, el solo pensar el tomar el lápiz me cansaba y me deprimía un poco al pensar que jamás podría terminar el dichoso libro (NOTA: No soy alguien que se destaque por la persistencia, así que el tema de dejar a medias una historia no sería nada extraño) y ni hablar de tres. Lo cierto, es que en esos momentos, me obligaba a escribir al menos trescientas palabras, para sentir que estaba avanzando, al menos un poco.

Fue así que gracias al escribir casi todos los días aunque fuera un poco, lo logre. Al menos la primera parte. Termine el bendito primer borrador de la primera parte, pero me quedaba transcribir, reescribir y editar todo lo que fuese necesario. Así que decidí a tomar un descanso por un par de días, para llegar con mejor animo a mi siguiente etapa de la creación del libro.

Pregunta del día: ¿Cuales son sus técnicas para mantener una rutina?

Nos leemos

Capitulo especial de una escritora novata: Mis actuales circunstancias

Acompañenme a seguir esta triste historia.

Llevó desaparecida mucho más tiempo del que tenía presupuestado (más de dos meses) y del que quería en realidad, ahora les paso a explicar el porque.

A principio de marzo volví de vacaciones y comencé a trabajar de nuevo. De todo lo que esperaba hacer en las vacaciones de verano, a penas logré completar un tercio. Ahora estoy sobrepasada.

Además, aumenté las horas laborales (las cuentas tienen que pagarse) y eso redujo aún más mi tiempo de escritura durante el año, sumado al hecho que ha principio del febrero me encontraba ya muy atrasada… Me siento como la cronista de una muerte anunciada.

Fue en esos momentos que me encontré con una pila de pendientes y preguntándome ¿Cómo pudo pasar?.

La respuesta es simple, sobre valoré mi tiempo.

Ilusamente pensé que sería capaz de completar todo durante dos meses. Pero entremedio se me olvido contemplar que debía pasar tiempo con mi familia, además de tener un tiempo para distraerme y no colapsar en medio del proceso. Y como la Ley de Murphy siempre actúa en los peores momentos, una avalancha de imprevistos asoló con mi rutina.

Por otro lado, me estuve planteando el hecho de que si para mi funciona esto de tener un blog, soy pésima trabajando bajo presión y siento que cada cierto tiempo me desanimo, es un hecho patentado que me cuesta ser constante, me aburro.

Pero no vale llorar por la leche derramada y me puse a pensar en soluciones. Salvo para mi problema de constancia, para el resto encontré tres caminos que podía tomar en este punto de inflexión como bloguera.

Primero, podría encerrarme en mi habitación a lo ermitaña y escribir hasta que no me quede aliento o hasta cuando termine todo lo atrasado… lo que ocurra antes. El problema es que para eso tendría que dejar mi trabajo (Insisto que tengo cuentas que pagar) y que sin salir un rato al exterior, las fuentes de inspiración terminan gastándose… y los dedos también.

Segundo, podría mandar todo al demonio y olvidarme de ser escritor, dejar todos mis proyectos inconclusos y solo dedicarme a trabajar. Es una opción, pero poco efectiva para mi. Una de las cosas por las que escribo es por que quiero, es mi vía de escape en muchos aspectos, pero también como una forma de evitar somatizar en mi cuerpo lo mentalmente desgastante que es la vida diaria.

La tercera opción, es re programar todo. Desde las entradas de este blog hasta los proyectos literarios que estoy realizando. Lo del blog me pareció fácil de arreglar, en vez de realizar tres entradas serán dos que serán publicadas martes y jueves. Con respecto a los otros dos proyectos, fue más complicado pero he decidido darle prioridad al que tengo una fecha establecida de entrega (finales de mayo) , mientras que la otra deberá esperar más tiempo para actualizarse (es un trabajo gratuito que subo a Wattpad) lo que no gustará mucho a los que siguen la historia, pero no creo que les lastime tanto.

O eso espero…

Veremos como esta nueva planificación funciona y si no funciona, desecharla para probar otra.

Pregunta: ¿Cuales son las etapas de sus rutinas diarias?

Nos leemos

Capitulo II de una escritora novata: ¿Porque las cosas no son tan fáciles como parecen?

Continuando con los que les contaba en el “capitulo” anterior, al fin tuve una idea que dejo satisfecho mi corazoncito escritoril. Así que tome todo mi entusiasmo inicial y comencé creando la sinopsis y el esquema previo, hasta allí todo estuvo bien.

La trama resultó sencilla de desarrollar, pero en el camino me dí cuenta que mis personajes necesitaban un poco de trabajo previo. Me puse a la tarea de mejorarlos y darles un poco más de consistencia, trabajo que me tomo tiempo aunque no recuerdo cuanto. Cuando las personalidades de mis protagonistas y antagonistas me convencieron más, empecé a trabajar en la escaleta básica.

Cuando inicie el trabajo de la escaleta, me dije a mi mismo “Esto no me tomará mucho, tengo casi todo lo que necesito”… ¡JA! que equivocado estaba. La primera parte de la escaleta resultó tan fluida como lo esperaba, pero cuando llegue a la mitad de la trama de inicio me topé con que necesitaba un par de personajes secundarios, tuve que volver atrás y crear algunas fichas de personajes más.

Seguí trabajando un poco más en la escaleta y me encontré con el escollo de que me faltaban descripciones importantes y mucha más profundidad al mundo que rodeaba a mis personajes, con un suspiro cansado, volví atrás de nuevo. Me enfrasque en las leyes y características que poblaban el continente donde se desarrollaba la historia, de paso aproveché de crear algunas características del mundo en si, al que le dí el nombre de Drangata.

Mientras trabajaba e investigaba algunos temas que necesitaban ser incluidas en la historia, me dije a mi mismo “Me he esforzado tanto con el trasfondo del mundo de esta historia, que sería un desperdicio no seguir aprovechándolo” y me convencí que en un futuro no muy lejano, desarrollaría el mundo completo.

Después de trabajar mucho tiempo en el worldbulding como le llaman en inglés, volví a la escaleta y por fin pude terminarla… pero cuando me dí cuenta la trama era tan extensa que dejaba de ser una novela corta por mucho.

¿Que debía hacer ahora?

Continuará…

Vamos a la pregunta de la entrada: ¿Les gustan las novelas cortas?

Nos leemos.

Capitulo I de una escritora novata: Decisiones, difíciles decisiones

En el capitulo anterior, les contaba como fue que decidí convertirme en escritora publicada y comencé a perfilar una idea de historia que me gusto mucho…

Pero… —malditos peros que arruinan fiestas—, al desarrollarla sentí que no tenía futuro para mi en esos momentos. La historia (que era de romance paranormal) no terminaba de cuajar en mi cabeza y menos en mi corazón de escritor.

Decepcionada por mi propia limitación creativa, me evadí del problema por un par de semana (alegando que no tenía tiempo, pero en realidad me pasaba horas mirando películas). Pero luego se me cruzó un articulo que hablaba sobre el compromiso de ser escritor, así que me autoconvencí que si quería ser escritora debía poner de mi parte, por lo que me puse en campaña de revisar cuanto blog se me cruzo por delante para vencer el bloqueo que me afectaba.

Durante esta búsqueda me encontré con una entrada de uno de estos blogs, que mencionaba mi problema y que daba un par de soluciones para ello: Revisar el argumento, los personajes, la temática y, si ningún cambio terminaba por convencer, era mejor dejar guardada la idea (o descartarla de plano) y comenzar con otra que te llenará de mejor manera.

La cosa era encontrar otra idea…

Yo tengo pareja y tenemos una relación a distancia, cada uno hace su esfuerzo y viajamos cada cierto tiempo para mantener la relación viva (conversamos muy seguido por teléfono, pero no es lo mismo), por lo que paso algunas horas de mi vida subida a buses interurbanos. “Si, si todo muy bonito”, dirán pero ¿Que tiene que ver esto con el oficio escritor?

Pues bien, fue en uno de estos viajes que LA idea (así con mayúscula), apareció frente a mi. La trama se formó en mi cabeza, los personajes y los escenarios me dejaron tan encantada, que pensé que sería un crimen no plasmarlo en papel lo más pronto posible.

Fue así como se creo, la que yo pensé en esos momentos, sería una novela corta…

Del resto esto ya les hablaré en el próximo capitulo…

Pregunta del día: ¿Cuál ha sido su mayor decepción creativa? No es necesario que tenga que ver con la escritura, ni siquiera tiene que ser algo reciente.

Nos leemos

Prologo de una escritora novata

sol

En un principio (cuando el sol era una masa de fuego incandescente… espera, espera… creo que fui muy atrás), comencé a “enredarme” con las letras cuando tenía alrededor de nueve o diez años, los primeros cuentos (de una simpleza liberadora) avivaron aún más mi imaginación incontrolable, que hicieron que comenzara a escribir como una forma de exteriorizar esas imágenes ilusorias de mi mente; la escritura era un mero hobby para mi.

Fueron alrededor de veinte años en donde produje muchas historias (fanfic e historias originales) en momentos de alto nivel creativo-productivo, pero esos momentos eran tan esporádicos como las lluvias de estrellas, comunes pero no tanto. O sea mi rutina era inexistente, pero como era solo pasar el rato con algo que me gustaba hacer no había problema.

Pero resulta, que hace un par de años atrás sucedió un evento que me hizo preguntarme si no era mejor para mi (en el sentido de MI salud mental y física) el convertir la escritura en mi oficio y ojala fuera posible vivir de ello.

Puse en mi balanza los pro y los contras, pero no me ayudo mucho a encontrar una respuesta que me dejara por completo satisfecha. Consulte a personas cercanas que eran más sabias que yo y me dijeron “Por lo menos inténtalo”. Esas palabras fueron como la bandera o el disparo cuando comienza una carrera, así que me… arriesgue.

NOTA: Igual no es tanto riesgo, soy alguien con una profesión y será eso lo que pague las cuentas, al fin y al cabo. Por lo menos en un principio.

Comenzaría a escribir en serio. Y eso implicaba en cambiar el switch en mi mente… esto ya no era un hobby, era un trabajo.

Aun así me quedaban temas por decidir, me tome un año para probar varios tipos de historias, buscando aquella con la que me sintiera más cómoda.

Con esta práctica quedaron descartados los temas de terror (soy pésima dando la sensación de opresión constante que necesita una historia como esa) y de parodia (mis historias tienen que tener humor, pero no puedo mantener el humor en historias muy largas)

Y, a base de ensayo y error, descubrí una idea que me entusiasmo y comencé a desarrollarla con mucha ilusión, pero…

Continuará…

Pregunta del Día: ¿Son escritores o piensan serlo? ¿Cómo fue o ha sido su prólogo como escritores?

Nos leemos